martes, 8 de mayo de 2018

Los jardines en el Islam.

Los jardínes en el antiguo Islám.

  El Jardín islámico es un tipo de jardín que se ha desarrollado en el Cercano y Medio Oriente y en los territorios ocupados por los árabes en la cuenca Mediterránea, siendo parte intrínseca de la cultura Islámica, el jardín ha estado bien representado en la pintura y en las miniaturas.


  El jardín Islámico llama a todos los sentidos, el moteado de la cerámica, el perfume de las flores, el murmullo del viento y el agua, los cantos de los pájaros, ofrecen al espectador una visión del jardín celestial del que hablaba Mahoma, tanto para los musulmanes como para cristianos y judíos, el jardín del Edén y el paraíso representan el destino de la humanidad, sin embargo, en el caso de los primeros, el arte de la jardinería cobra una dimensión totalmente diferente.

  Para la tradición musulmana el paraíso y el recuerdo del primigenio oasis del desierto ocupa un lugar privilegiado en su imaginario colectivo, hay que recordar que en las zonas donde surge el Islam, son cálidas, áridas y en ocasiones semidesérticas, el paraíso es visto como un lugar rico en vegetación, donde predominan los árboles frutales, llenos de ricos alimentos, y la vegetación fresca, verde y frondosa, regada por acuíferos, ríos y lagos, precisamente, algo de lo que aquellas zonas del planeta suelen carecer, por lo tanto, para la tradición musulmana, el arte de la jardinería era una forma de representar el Edén, y por eso los mandatarios, reyes y hombres poderosos no dudaron en esmerarse por conseguir su pequeño paraíso en sus palacios y villas.

  Como la mayoría de los países islámicos están situados en cálidas y secas regiones con cultura de oasis, uno de los problemas principales de la jardinería era siempre el del riego. Tanto el mundo Islámico occidental como el oriental habían heredado de Persia el sistema de los “qanawat”, consistente en canales de riego subterráneos protegidos de la evaporación solar que conducían el agua desde las regiones más altas y montañosas donde abundaba el agua hasta las regiones más lejanas y cercanas al desierto donde se almacenaba en grandes cisternas.

  En la tipología característica de los jardines Islámicos, los jardines del Islam han tenido que adaptarse a las difíciles condiciones climáticas para crear espacios naturales embellecidos con las plantas del sur, siendo los espacios abiertos poco comunes, al igual que los caminos descubiertos muy expuestos, la escasez de agua y la permanente insolación llevó a un tipo particular de desarrollo de los jardines inspirado en los oasis, es decir, el jardín a diferentes niveles, de esta manera, vemos:
 
Un nivel de la sombra, que es una plantación de árboles que ofrece protección contra el sol, a menudo son palmeras, cipreses y cedros, que combinan un porte elevado y una sombra permanente.
Un nivel de las plantas con flores, este nivel intermedio está dedicado a los arbustos de flor, daturas, cuyas pesadas flores de cálices colgantes aparecen en los grabados, adelfas, hibiscos, jazmines, rosas, madreselva, limoneros o naranjos, los arbustos son elegidos por su exuberante floración y por su fragancia, que atrae a los pájaros y las mariposas.
Un nivel del agua, es un nivel más abajo y está ocupado por las fuentes y los canales que distribuyen el agua, ahorrándola y reciclándola, los setos de boj se utilizan por su sencillez y durabilidad excepcionales, los pavimentos están diseñados para aprovechar los rayos de luz que atraviesan el follaje, y se hace hincapié en la variedad de materiales y texturas, cerámica vidriada y mármol se combinan con el ladrillo y la piedra.

  Para protegerlo de los efectos desecantes del viento, el jardín está rodeado por un muro, así, puede tener la apariencia de un patio plantado en el corazón de un palacio o de un edificio, y cuando se tiene una perspectiva en el paisaje, el jardín acaba en un muro de arcos que controlan el paso del viento, los arcos son parcialmente oscurecidas por “mashrabiyas”, paredes perforadas que aceleran el viento, concentrándolo en un estanque o en un gran plato lleno de agua, lo que contribuye a enfriar la atmósfera. En todos los casos, el jardín se adapta a los desniveles del terreno para producir áreas sombreadas y recintos protegidos, las terrazas se suceden y permiten un recorrido natural de agua. Cada espacio, estanque de agua o parterre siempre está acompañado por un camino de sombra, permite tanto al paseante admirar el jardín como protegerse del sol con sombras naturales o sombras conseguidas mediante galerías, la orientación y el emplazamiento de la circulación de las personas por el jardín son objeto de una atención especial.

  Los jardines Islámicos están constituidos básicamente por una sucesión de patios rectangulares tapiados en cuyo centro encontramos una fuente o glorieta rodeada de plantas, los caminos también son fundamentales, ideales para paseos y para unir los diferentes patios, normalmente, los caminos solían adornarse por arcos ojivales cubiertos en parte de vegetación, lo que estéticamente confiere al espacio sensación de frescura. La idea de este tipo de jardines es cerrada, al igual que los jardines medievales, estos espacios de ocio y de relax constituyen una forma de organizar el mundo. Frente al espacio abierto del desierto, los jardines Islámicos constituyen un espacio de paz, donde el hombre queda protegido.

  Aunque el Coran no da ninguna directriz precisa para la jardinería y su estética, es cierto que el texto sagrado musulmán sí que destaca la importancia de las sombras de los árboles y del agua corriente, pero también de la protección mediante muros circundantes, y del embellecimiento de los edificios ricamente decorados y esparcidos en el verdor, por eso, el denominado jardín Islámico se caracteriza por tres elementos: los árboles, la sombra y sobre todo, el agua.

  Efectivamente, el agua es un elemento indispensable, la escasez de agua en los países del sur la convierten en un activo muy valioso que debe recolectarse, almacenarse y distribuirse de la manera más eficaz y más barata, de esta manera, los “qanawat” y las norias se perfeccionaron y fueron muy difundidas, como muestra de los conocimientos hidráulicos de los árabes es la misma gota de agua que serpentea a través de las impresionantes rampas de agua del Palacio del Generalife de la Alhambra en Granada, que fluye hacia las fuentes, se desliza por los canales y riega las huertas de un nivel más abajo.

  El poder de refrescamiento del agua se utiliza en una sucesión de efectos a distintos niveles que envuelven al caminante, a nivel de los ojos, son los chorros de las fuentes; a nivel de las manos, las rampas de agua; a nivel de los pies, las acequias y estanques que se insertan en el pavimento y que cruzamos casi sin darnos cuenta. Las norias, de tracción animal o humana, traen el agua a los estanques (aljibes), en la Alhambra, un acueducto de 10 kilómetros trae el agua a las cisternas superiores desde un represa en la cercana Sierra Nevada, las acequias que atraviesan el pavimento unen los estanques en un complejo flujo por gravedad, a imagen de los oasis, las acequias riegan las plantas de una manera totalmente controlada, los parterres están divididos por muros de contención, atravesados por pequeños tubos de barro cocido, bloqueados sucesivamente por una simple piedra, permiten el riego a cada nivel del jardín.


  Este papel funcional se combina con los valores simbólicos y religiosos, el Coran, ya que impone ciertas abluciones antes de la oración, la limpieza del cuerpo se expresa por la abundancia y la sofisticación de los baños y sus anexos, por lo tanto, el agua es finalmente un elemento estético importante, cuyos reflejos son repetidos y multiplicados por las cerámica, entre ellas las famosas cerámicas de brillo metálico, transmitidas a los árabes por los Bizantinos, el murmullo de los regatos trae la calma y la serenidad y se combina con el canto de los pájaros atraídos por las flores.

  Respecto al tipo de cultivos de este tipo de jardines, predominan los frutales y las plantas aromáticas, los primeros como fuente de alimentos y las segundas para proporcionar sensualidad al espacio. Incluso podríamos decir que también es una forma de representación de las dos versiones del hombre: la necesidad (mediante los alimentos) y el placer (mediante las plantas aromáticas). Los jardines de la Alhambra y del Generalife, en Granada, son el exponente perfecto de este tipo de jardines.

  Cabe reseñar la simbología y los usos de este tipo de jardines, hay que recordar que el jardín Islámico se inscribió principalmente en la tradición que procedía de la Persia sasánida, los más bellos jardines de los primeros siglos de la Hégira (VII a IX en Occidente) se lograron en el Irán musulmán, de este período son dignos de mención los jardines Omeyas, en los que se incorporaron rasgos de la tradición de los parques reales Helenísticos, a su vez inspirados en los jardines Persas, aunque con una particular disposición de los elementos arquitectónicos (pórticos, paseos, peristilos).

  Los jardines Islámicos tenían diversos usos, el primero como ya he mencionado antes, era la representación del Edén, pero más allá de lo estrictamente religioso y literario, los jardines tenían otros usos, uno era servir como espacio de ocio, en el que galerías de pilares y columnas rodean florecientes y aromáticos arbustos, y árboles y parterres llenos de flores, de hecho, en amplias zonas del mundo Islámico los jardines ofrecen un espacio ideal para fiestas y encuentros, y en el centro tienen una pila cercada por tiestos de flores para disfrute del propietario y de los invitados, estos jardines, la mayoría de las veces llamados “riyad”, estaban siempre dispuestos de forma ortogonal, ya fueran cuadrados o rectangulares, o fueran para príncipes o para ciudadanos en sus viviendas privadas.

  El otro uso era el de servir como espacio de cultivo para flores y plantas con fines medicinales, también es frecuente que los jardines sirvan también de lugar de reposo a los muertos, en estos casos, son pueden ser paisajes casi sin forma, un ejemplo de este tipo de jardines lo encontramos en Rabat (Marruecos), donde existe un amplio cementerio junto al mar, un paisaje verde apenas sin estructurar con lápidas anónimas sin adicionales intentos de embellecimiento, o como los complejos funerarios reales de los Otomanos que los encontramos parques románticos y paisajísticos, en los que la simetría cede a la naturaleza, o de cuidados parques dispuestos de un modo bien resuelto, de jardines divididos en cuatro o de riyads; Por el contrario, nos encontramos con el modelo de los soberanos Indios, que hacían de sus tumbas grandes complejos que incluían ricas instalaciones, cruces de anales, juegos de agua y suntuosos monumentos (como por ejemplo, el Taj-Mahal).



Ramón Gijón, delineante proyectista.
Fuente: espores.org

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