lunes, 15 de octubre de 2018

Jardines escondidos.

El huerto de Juliá.
 
 La Alquería Julià, también denominada huerto de Julià, estaba situada en la huerta de Valencia en el camino hacia Mislata, en sus orígenes la construcción formaba parte de un gran jardín de origen Musulmán, ya que como se puede observar en este grabado procedente del libro “Jardines Valencianos, de Carrascosa Criado, editado en 1932”, estaba compuesto por tres sectores, una primera sección de jardín formal, una segunda sección de huerta, y una tercera sección de bosque.


  En la actualidad se encuentra encastrada en la retícula urbana de la ciudad de Valencia, entre la actual Avenida del Cid y el viejo cauce del río Turia; El edificio, con la expansión urbana, fue absorbido por la ciudad y ahora está situado en el barrio de Nou Moles de Valencia, donde tiene fachada a las calles Castán Tobeñas, Velázquez y Paseo de la Pechina y de aquel gran jardín solo queda un pequeño recinto junto a la construcción. Parece ser que esta joya del barroco Valenciano, se salvará, así como lo que queda del jardín, que será cuidadosamente restaurado y se convertiría en la “Casa de la Música” y sede de la Federación de Sociedades Musicales de la Comunitat Valenciana (FSMCV), donde incluirá un auditorio con gran capacidad, biblioteca, videoteca, fonoteca, sala de partituras, diferentes zonas para uso cultural y espacio expositivo.
 

Un poco de historia, la Alquería de Julià ha sido testigo de grandes momentos en la historia, en su momento se escuchó la voz del insigne taumaturgo San Vicente Ferrer, predicando junto a una encina del huerto de la Alquería; en la azotea de la torre estuvo el mariscal napoleónico Luis Gabriel de Suchet, quien contempló desde su torreón la toma de Valencia por las tropas francesas y la heroica resistencia que ofreció la ciudad; también vio como en 1837, el pretendiente Don Carlos María Isidro de Borbón contemplaba desde la torre de la Alquería a una ciudad inalcanzable, ya que sus tropas no la llegarían a tomar durante la primera guerra Carlista; posteriormente guardó entre sus paredes el sueño de la futura reina Isabel II, que pernoctó el 17 de octubre de 1840 en la Alquería mientras en el Palacio de Cervelló se producía la renuncia al poder de la Reina María Cristina; y ya en el siglo XX, ha sido objeto de evocación de diversos artistas, como el historiador Marqués de Lozoya, que ambientaría su novela “La alquería de los cipreses” en este paraje.

 
 Sus antiguos propietarios, los Julià fueron miembros de una oligarquía municipal que dejó en este conjunto arquitectónico su huella indeleble para siempre, eran pertenecientes a una importante familia de mercaderes Valencianos que alcanzaron una gran fortuna entre los siglos XVI y XVII y financiaban al gobierno de la ciudad, por ello, la Alquería Julià fue a través de los siglos protagonista de grandes hechos históricos como he reseñado antes y entre sus muros se escuchan todavía el eco de aquellas voces que rigieron los destinos de Valencia. Hay que reseñar, que el edificio fue usado durante años como colegio público (C. P. Santa Barbara), y que las intervenciones realizadas en el interior para habilitar las aulas y el laboratorio, durante esta etapa que funcionó como colegio, afectaron mucho el conjunto aunque su estructura se manteniene bien, tal y como se puede ver en la actualidad.
 

El jardín, según la documentación recabada por Ballester-Olmos, fue un claro referente de la jardinería barroca Valenciana de la que sólo queda un ejemplo en Valencia, y que en la actualidad se encuentra en un estado lamentable, el l´Hort de la alquería Julià, en Nou Moles fué un conjunto agropecuario del siglo XVII edificado en estilos manierista y barroco, el conjunto constaba de un edificio y un jardín inmediato a la vivienda, en el mencionado jardín histórico, contaba con un embarcadero, un laberinto y una glorieta alrededor de la cual se disponían setos cuadrangulares. Tras el jardín existía una terraza, y a continuación un huerto con un camino central bordeado de emparrados y en la zona más alejada de la vivienda un pinar resto de la gran pinada Moyá de Campanar.
En la actualidad solo se conserva la alquería, habiéndose perdido el huerto y el pinar, y del jardín solo queda lo mas inmediato a la alquería, que se restaurará según la trama original del jardín histórico.


La arquitectura, la alquería del hort de Juliá, está considerada por algunas fuentes como la joya tardo-herreriana Valenciana, el edificio se puede considerar como uno de los escasos ejemplares que se conservan de alquería Valenciana del siglo XVII. El edificio consta de planta baja y primer piso y coincidiendo con el eje de la puerta principal, una torre de dos alturas. La puerta principal tiene una sencilla embocadura de piedra y sobre ella está el único balcón del exterior, ya que el resto de los vanos son ventanas, destaca la portada barroca, de frontón partido sobre pilastras estriadas y el barandal del ático con bolas y pináculos segmentados.


  En el balcón, el vano se desarrolla a modo de portada con pilastras estriadas en los lados, sobre las que se sitúan ménsulas que sustentan un entablamento, en cuya parte superior se sitúa en frontón partido que alberga una venera, en la fachada recayente al jardín se abre una portada con columnas jónicas sobre las que se sitúa un entablamento muy resaltado, con un frontón curvo en la parte superior, el edificio está rematado con pirámides y bolas.


  En el interior se dispone un zaguán con arco rebajado en el centro, las habitaciones de la planta baja están cubiertas con vigas de madera, en esta planta se desarrolla un zócalo de azulejos de finales del siglo XVII, en la entrada también se presenta, en azulejería, un Ecce homo según la iconografía tradicional. 
 

  En la planta superior, las distintas dependencias conservan las decoración de los techos a base de molduras geométricas y conchas en las esquinas, cabe destacar una de las estancias cubierta con un esgrafiado con motivos vegetales y fantásticos, siendo uno de los pocos ejemplos que se conservan en interiores de viviendas, buena muestra del florecimiento de esta técnica en la Valencia de finales del siglo XVII.



Ramón Gijón, delineante proyectista.
Fuente: valenciabonita.es y agendacomunistavalencia.blogspot.com



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